Para soportar las humillantes sesiones de un juicio del que dependía su honorabilidad y su futuro, el acusado Dominique de Villepin buscó en el sótano de su profunda cultura libresca un modelo a su medida en quien identificarse. Y lo encontró: el poeta Guillaume Apollinaire, arrestado en 1911 por cómplice del robo de La Gioconda del Museo del Louvre. Villepin, ex primer ministro, ex ministro de Asuntos Exteriores, el distinguido y literario político francés de atractiva melena blanca, encarnó en febrero de 2003 el rechazo de Francia (y del resto del mundo) a la guerra de Irak en un memorable discurso ante la ONU. Durante el juicio, además de imaginarse como Apollinaire (acusado como él, sobre todo, por frecuentar compañías dudosas), se dedicó a contar las bombillas de las lámparas de la vieja sala del tribunal donde en su tiempo fue juzgada María Antonieta (”Hay 144″, le ha confesado a la periodista Anna Cabana).